Caballeros del Pilar

MEDITACIÓN FEBRERO 2024

30/01/2024

Queridas Damas y Caballeros:  En el mes de febrero de 2024 os invito a meditar sobre la Palabra de Dios.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Señora del Pilar, te pedimos por la santidad del Papa Francisco, por nuestro Arzobispo Carlos, por la santidad de la Iglesia, y de la Diócesis de Zaragoza. Madre, te rogamos que Damas y Caballeros seamos fieles a nuestra vela mensual. Ayúdanos a defender la vida desde el primer momento de su concepción. Señora del Pilar, Reina de la Paz, que reine la paz en el mundo; danos trabajo digno para todos, y abundancia de vocaciones sacerdotales, religiosas, y de entrega a Dios en medio del mundo.

Comenta el Papa Francisco: “Es grande la fuerza de la Palabra de Dios”. En Marcos 1, 17-18 se lee: “Jesús les dijo: “Seguidme”. “Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron”. También se ve en Jonás 3,1-3: “La palabra del Señor fue dirigida por segunda vez a Jonás: “Parte ahora mismo para Nínive… y anúnciale”. “Jonás partió…, conforme a la palabra del Señor”.

“La Palabra de Dios despliega la potencia del Espíritu Santo. Es una fuerza que atrae hacia Dios, como les sucedió a los jóvenes pescadores, que quedaron impresionados por las palabras de Jesús. Es una fuerza que nos mueve hacia los demás, como le sucedió a Jonás, cuando se dirigió a los que se encontraban alejados del Señor”.

La Palabra de Dios nos atrae hacia Dios y nos envía hacia los demás. No nos deja encerrados en nosotros mismos, sino que dilata el corazón, hace cambiar de ruta, trastoca los hábitos, abre escenarios nuevos y desvela horizontes insospechados. “Como con los primeros discípulos, que acogiendo las palabras de Jesús dejaron las redes y comenzaron una aventura estupenda, así también en las riberas de nuestra vida, junto a las barcas de los familiares y a las redes del trabajo, la Palabra suscita la llamada de Jesús, que nos llama a hacernos a la mar con Él para los demás”.

La Palabra de Dios suscita la misión, nos hace mensajeros y testigos de Dios para un mundo colmado de palabras, pero sediento de esa Palabra que frecuentemente ignora. La Iglesia es llamada por Cristo, atraída por Él, y enviada al mundo para anunciar el Evangelio.

Queridas Damas y Caballeros: “No podemos prescindir de la Palabra de Dios, de su dulce firmeza que, como un diálogo, conmueve el corazón, se imprime en el alma y la renueva con la paz de Jesús que nos hace preocuparnos por los demás”.

En los santos, la Palabra de Dios ha sido decisiva.  San Antonio, el primer monje, oyendo la Santa Misa, impresionado por el Evangelio de ese día, lo dejó todo por el Señor. San Agustín cambió su forma de vivir leyendo un pasaje de la Escritura. Santa Teresa del Niño Jesús descubrió su vocación leyendo las cartas de san Pablo.  San Francisco de Asís, al leer el pasaje del Evangelio en el que Jesús envía a los discípulos a predicar, exclamó: “Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica”.

Muchos santos vieron sus vidas transformadas por la Palabra de Dios. ¿Por qué para muchos de nosotros no sucede lo mismo? Responde el Santo Padre: “Tal vez porque es necesario no ser “sordos” a la Palabra.  Quizá “abrumados por miles de palabras, no damos importancia a la Palabra de Dios, la oímos, pero no la escuchamos; la escuchamos, pero no la custodiamos; la custodiamos, pero no nos dejamos provocar por ella para cambiar; la leemos, pero no la hacemos oración”. Se lee en Dei Verbum, 25: “debe acompañar la oración a la lectura de la Sagrada Escritura para que se entable diálogo entre Dios y el hombre”.

Queridas Damas y Caballeros: Cuidemos la escucha de la Palabra y la adoración del Señor. Hagamos espacio “a la Palabra de Jesús orada, y sucederá para nosotros lo mismo que a los primeros discípulos”. La Palabra de Dios “libera de los obstáculos del pasado y del presente, hace madurar en la verdad y en la caridad, reaviva el corazón, lo sacude, lo purifica de las hipocresías y lo llena de esperanza… cambia el corazón, la vida”. Leamos, meditemos, y difundamos la Palabra de Dios.

Last modified: 30/01/2024

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