Caballeros del Pilar

MEDITACIÓN ENERO 2023

28 diciembre 2022

 

Queridas Damas y Caballeros, en el mes de enero, en la vela ante Nuestra Señora del Pilar, continuamos meditando la primera Encíclica del Papa Francisco, Lumen Fidei.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Señora del Pilar, te pedimos por el Papa Francisco, por nuestro Arzobispo Carlos, por la santidad de la Iglesia y de la Diócesis de Zaragoza. Que reine la paz en Ucrania y en el mundo; danos trabajo digno para todos y abundancia de vocaciones sacerdotales, religiosas y de entrega a Dios en medio del mundo.

Dios pide a Abrahán que se fíe de su Palabra.  Comenta el Papa: La palabra, “aparentemente efímera y pasajera, cuando es pronunciada por el Dios fiel, se convierte en lo más seguro e inquebrantable que pueda haber, en lo que hace posible que nuestro camino tenga continuidad en el tiempo. La fe acoge esta Palabra como roca firme, para construir sobre ella con sólido fundamento”. San Agustín dirá: “El hombre es fiel creyendo a Dios, que promete; Dios es fiel dando lo que promete al hombre”.

Abrahán se fía de Dios: “Sara te va a dar un hijo; lo llamarás Isaac” (Gn 17,19). “El Dios que pide a Abrahán que se fíe totalmente de él -dice el Santo Padre- se revela como la fuente de la que proviene toda vida”.  El Dios que llama a Abrahán “es el Dios creador, que llama a la existencia lo que no existe” (Rm 4,17), que “nos eligió antes de la fundación del mundo… y nos ha destinado a ser sus hijos” (Ef 1,4-5).

Para Abrahán, “la fe en Dios ilumina las raíces más profundas de su ser, le permite reconocer la fuente de bondad que hay en el origen de todas las cosas, y confirmar que su vida no procede de la nada o la casualidad, sino de una llamada y un amor personal”.

El Dios que llama a Abrahán y a nosotros, “no es un Dios extraño, sino Aquel que es origen de todo y que todo lo sostiene. La gran prueba de la fe de Abrahán, el sacrificio de su hijo Isaac, nos permite ver hasta qué punto este amor originario es capaz de garantizar la vida incluso después de la muerte”.

“La Palabra que ha sido capaz de suscitar un hijo con su cuerpo “medio muerto” y “en el seno estéril” de Sara (cf. Rm 4,19), será también capaz de garantizar la promesa de un futuro más allá de toda amenaza o peligro” (cf. Hb 11,19; Rm 4,21).

“En el libro del Éxodo, la historia del pueblo de Israel sigue la estela de la fe de Abrahán. La fe nace de nuevo de un don originario: Israel se abre a la intervención de Dios, que quiere librarlo de su miseria. La fe es la llamada a un largo camino para adorar al Señor en el Sinaí y heredar la tierra prometida”. “El amor divino se describe con los rasgos de un padre que lleva de la mano a su hijo por el camino (cf. Dt 1,31). La confesión de fe de Israel le lleva a narrar y transmitir de generación en generación los beneficios de Dios.

“Para Israel, la luz de Dios brilla a través de la memoria de las obras realizadas por el Señor, conmemoradas y confesadas en el culto, transmitidas de padres a hijos. Aprendemos así que la luz de la fe está vinculada al relato concreto de la vida, al recuerdo agradecido de los beneficios de Dios y al cumplimiento progresivo de sus promesas”.

Queridas Damas y Caballeros: Ante un mundo sin fe, damos gracias a Dios por el don de la fe y pedimos que vivamos de fe y anunciemos las maravillas de Dios.

Vuestro Director Espiritual: Pedro José

Last modified: 28 diciembre 2022

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