Queridas Damas y Caballeros: Para el mes de marzo de 2025 os propongo meditar en la catequesis del 18 de diciembre de 2024 sobre “Jesucristo nuestra esperanza”. Abrázate a Él. Descansa en Él.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Señora del Pilar, te pedimos por la salud y santidad del Papa Francisco, por nuestro Arzobispo Carlos, por la santidad de la Iglesia, y de la Diócesis de Zaragoza. Madre, intercede para que en la Basílica de Nuestra Señora del Pilar se guarde silencio. Que podamos decir: ¡Qué bien se reza en el Pilar! Madre, te rogamos que Damas y Caballeros seamos fieles a nuestra vela mensual. Ayúdanos a defender la vida desde el primer momento de su concepción. Señora del Pilar, Reina de la Paz, que reine la paz en el mundo; danos trabajo digno para todos, y abundancia de vocaciones sacerdotales, religiosas, y de entrega a Dios en medio del mundo.
Jesucristo es nuestra esperanza, la meta de nuestra peregrinación. Jesucristo es el camino, la senda a seguir.
El Santo Padre trata, en primer lugar, de la infancia de Jesús, que narran los evangelistas Mateo y Lucas. Los Evangelios de la infancia relatan la concepción virginal de Jesús y su nacimiento. Recuerdan las profecías mesiánicas cumplidas en Él, y hablan de la paternidad legal de José. Se presenta a Jesús recién nacido, niño y adolescente, sumiso a sus padres y, al mismo tiempo, consciente de que está totalmente entregado al Padre y a su Reino.
El Papa recuerda que la diferencia entre los dos evangelistas es que San Lucas relata los acontecimientos a través de los ojos de María, y San Mateo lo hace a través de los de José.
San Mateo comienza su Evangelio con la “genealogía de Jesucristo hijo de David, hijo de Abraham” (Mateo 1:1), para mostrar la verdad de la historia y la verdad de la vida humana.
La genealogía del Señor “es la verdadera historia, en la que están presentes algunos nombres, por así decir, problemáticos, y se subraya el pecado del rey David (cf. Mt 1,6). Todo, sin embargo, termina y florece en María y en Cristo (cf. Mt 1,16)” (Carta sobre la renovación del estudio de la historia de la Iglesia, 21 de noviembre de 2024).
“En la lista de Mateo de los antepasados de Jesús, encontramos a cinco mujeres: Tamar, la nuera de Judá que, al quedarse viuda, se hace pasar por prostituta para asegurar una descendencia a su marido (cf. Gn 38); Racab, la prostituta de Jericó que permite a los exploradores judíos entrar en la tierra prometida y conquistarla (cf. Stg 2); Rut, la moabita que permanece fiel a su suegra, cuida de ella y se convertirá en bisabuela del rey David; Betsabé, con la que David comete adulterio y, tras hacer matar a su marido, genera a Salomón (cf. 2 Sam 11); y, por último, María de Nazaret, esposa de José, de la casa de David: de ella nace el Mesías, Jesús.
Las cuatro primeras mujeres están unidas no por el hecho de ser pecadoras, como a veces se dice, sino por el hecho de ser extranjeras para el pueblo de Israel. Escribe Benedicto XVI, “a través de ellas… el mundo de los gentiles entra en la genealogía de Jesús: se manifiesta su misión a los judíos y a los paganos” (La infancia de Jesús, Milán-Ciudad del Vaticano 2012, 15).
La Virgen María adquiere un particular relieve, porque en su historia ya no es la criatura humana la protagonista de la generación, sino Dios mismo. “Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo” (Mt 1,16). Jesús es hijo de David, injertado por José en esa dinastía y destinado a ser el Mesías de Israel, pero también es hijo de Abraham, y de mujeres extranjeras, destinado por tanto a ser la “Luz para iluminar las naciones paganas” (cf. Lc 2,32) y el “Salvador del mundo” (Jn 4,42). El Hijo de Dios, consagrado al Padre con la misión de revelar su Rostro (cf. Jn 1,18; Jn 14,9), entra en el mundo como todos los hijos del ser humano, hasta el punto de que en Nazaret se le llamará «hijo de José» (Jn 6,42) o «hijo del carpintero» (Mt 13,55). Verdadero Dios y verdadero hombre.
Jesús, nuestra esperanza nos dice: Acudid a Mí. Venid a Mí. Estoy aquí. Miradme, conocedme y amadme. Dad vuestra vida por Mí.
Vuestro Director Espiritual: Pedro José
Last modified: 26/02/2025