Queridas Damas y Caballeros: Para el mes de febrero de 2025 os propongo meditar en el Jubileo de 2025.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Señora del Pilar, te pedimos por la santidad del Papa Francisco, por nuestro Arzobispo Carlos, por la santidad de la Iglesia, y de la Diócesis de Zaragoza. Madre, intercede para que en la Basílica de Nuestra Señora del Pilar se guarde silencio. Que podamos decir: ¡Qué bien se reza en el Pilar! Madre, te rogamos que Damas y Caballeros seamos fieles a nuestra vela mensual. Ayúdanos a defender la vida desde el primer momento de su concepción. Señora del Pilar, Reina de la Paz, que reine la paz en el mundo; danos trabajo digno para todos, y abundancia de vocaciones sacerdotales, religiosas, y de entrega a Dios en medio del mundo.
En la apertura de la Puerta Santa del Jubileo de 2025, comenzaba el Papa la homilía con las palabras gozosas del Ángel a los pastores: “Os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor» (Lc 2,10-11). Qué maravilla, Dios se hizo uno de nosotros, para hacernos como Él, descendió entre nosotros para elevarnos y llevarnos al abrazo del Padre.
Esta es nuestra esperanza. Dios es el Emanuel, el “Dios con nosotros”. El infinitamente grande se hizo pequeño; la luz divina brilló entre las tinieblas del mundo, la gloria del cielo se asomó a la tierra en la pequeñez de un Niño. Dios ha venido, por tanto, la esperanza no ha muerto, está viva, y envuelve nuestra vida para siempre. La esperanza no defrauda.
Con el Jubileo de 2025, la puerta de la esperanza se ha abierto de par en par al mundo. Dios, hoy, dice a cada uno: también hay esperanza para ti. Hay esperanza para cada uno de nosotros. No olvidemos, hermanas y hermanos, que Dios perdona todo, perdona siempre, si estamos arrepentidos y nos acercamos al Sacramento de la alegría, la confesión.
Damas, Caballeros: Damos gracias por el Año Jubilar. Acojamos este gran regalo en el que el Amor del Corazón de Jesús llega a raudales e inunda el mundo.
Renovemos la esperanza dentro de nosotros, y tratemos de sembrarla en las desolaciones de nuestro tiempo y de nuestro mundo. Comenta el Papa: “hay tantas desolaciones en nuestro tiempo: las guerras, los niños ametrallados, las bombas sobre las escuelas y sobre los hospitales. Recemos sin aminorar el paso pidiendo por la paz y la justicia en el mundo. Pidamos al Espíritu Santo que seamos capaces de llevar la esperanza a las distintas situaciones de nuestra vida.
La esperanza cristiana no es un final feliz que hay que esperar pasivamente, no es el final feliz de una película; es la promesa del Señor que hemos de acoger aquí y ahora, en esta tierra que sufre y que gime.
La esperanza nos pide que no nos demoremos, que no nos dejemos llevar por la rutina, que no nos detengamos en la mediocridad y en la pereza. Que nos hagamos peregrinos en busca de la verdad, soñadores incansables, mujeres y hombres que se dejan inquietar por el sueño de Dios; que es el sueño de un mundo nuevo, donde reinan la paz y la justicia.
Insiste el Papa: la esperanza no tolera la indolencia del sedentario ni la pereza de quien se acomoda en su propio bienestar -y muchos de nosotros, tenemos el peligro de acomodarnos en nuestro propio bienestar- la esperanza no admite la falsa prudencia de quien no se arriesga por miedo a comprometerse, ni el cálculo de quien sólo piensa en sí mismo.
La esperanza es incompatible con la vida tranquila de quien no alza la voz contra el mal ni contra las injusticias que se cometen sobre los más pobres. Espíritu Santo ayúdame, ayúdanos, a no acomodarnos a este mundo, que no nos adaptemos a su mentalidad. Que hallemos en Cristo nuestra mayor esperanza, para llevarla, como peregrinos de luz, en las tinieblas del mundo. Nos dice el Papa: El Jubileo se abre para que a todos les sea dada la esperanza, la esperanza del Evangelio, la esperanza del amor, la esperanza del perdón.
Damas, Caballeros, este Jubileo nos invita a redescubrir la alegría del encuentro con el Señor, nos llama a la renovación espiritual, y nos compromete en la transformación del mundo.
Nuestra Señora del Pilar, ayúdanos a ser sembradores de esperanza.
Vuestro Director Espiritual: Pedro José

Last modified: 27/01/2025