Queridas Damas y Caballeros: Para el mes de enero de 2025 os propongo meditar la catequesis del Papa Francisco, el 11 de diciembre de 2024, “sobre el Espíritu Santo y la esperanza cristiana”.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Señora del Pilar, te pedimos por la santidad del Papa Francisco, por nuestro Arzobispo Carlos, por la santidad de la Iglesia, y de la Diócesis de Zaragoza. Madre, intercede para que en la Basílica de Nuestra Señora del Pilar se guarde silencio. Que podamos decir: ¡Qué bien se reza en el Pilar! Madre, te rogamos que Damas y Caballeros seamos fieles a nuestra vela mensual. Ayúdanos a defender la vida desde el primer momento de su concepción. Señora del Pilar, Reina de la Paz, que reine la paz en el mundo; danos trabajo digno para todos, y abundancia de vocaciones sacerdotales, religiosas, y de entrega a Dios en medio del mundo.
Queridas Damas y Caballeros, en este rato de vela a la Virgen, pedimos al Espíritu Santo: “Ven, Espíritu Creador”, “Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu Amor”.
El Espíritu Santo “anunciará lo que ha de venir”, y lo hace desear y esperar. Jesucristo y el Espíritu son inseparables en la economía de la salvación.
Recuerda el Santo Padre que el Espíritu Santo es la fuente siempre caudalosa de la esperanza cristiana. Hoy, como ayer, si la Iglesia es una barca, el Espíritu Santo es la vela que la impulsa y la hace avanzar en el mar de la historia.
Con San Pablo suplicamos: “que el Dios de la esperanza colme a los creyentes de todo gozo y paz, para que abunden en esperanza por la fuerza del Espíritu Santo” (Rom 15,13).
Alerta el Papa: Esperanza no es una palabra vacía, ni nuestro vago deseo de que las cosas vayan bien: la esperanza es una certeza, porque se fundamenta en la fidelidad de Dios a sus promesas. Y por eso se llama virtud teologal: porque está infundida por Dios y tiene a Dios como garante. La esperanza no es una virtud pasiva, que se limita a aguardar que las cosas sucedan, sino una virtud sumamente activa que ayuda a que sucedan. Los cristianos no podemos contentarnos con tener esperanza; además, debemos irradiar esperanza, ser sembradores de esperanza. Éste es un don maravilloso que la Iglesia debe hacer a la humanidad entera.
El apóstol Pedro exhortó a los primeros cristianos con estas palabras: “Glorificad a Cristo. el Señor, en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza”, “pero con delicadeza y con respeto” (1 Pe 3,15-16). No es tanto la fuerza de los argumentos lo que convencerá a las personas, sino el amor que sepamos poner en ellos. Esta -dice el Papa- es la primera y más eficaz forma de evangelización. Y está abierta a todos. El Magisterio de la Iglesia enseña que “todos deben tener firme esperanza en la ayuda de Dios. Porque si somos fieles a la gracia, de la misma manera como Dios ha comenzado en nosotros la obra de nuestra salvación, la llevará a cabo, obrando en nosotros el querer y el obrar”.
Nos aconseja San Bernardo: “Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas con los escollos de la tentación, mira a la estrella, llama a María. Si te agitan las olas de la soberbia, de la ambición o de la envidia, mira a la estrella, llama a María. Si la ira, la avaricia o la impureza impelen violentamente la nave de tu alma, mira a María. Si turbado con la memoria de tus pecados, confuso ante la fealdad de tu conciencia, temeroso ante la idea del juicio, comienzas a hundirte en la sima sin fondo de la tristeza o en el abismo de la desesperación, piensa en María. En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; y para conseguir su ayuda intercesora no te apartes tú de los ejemplos de su virtud. No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en Ella piensas. Si Ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás si es tu guía; llegarás felizmente al puerto si Ella te ampara”. Acude a María, Ella te llena de esperanza.
Damas y Caballeros, pedimos a Nuestra Señora del Pilar que vivamos esperanzados, y seamos “generadores de esperanza”.
Vuestro Director Espiritual: Pedro José
Last modified: 31/12/2024