Caballeros del Pilar

MEDITACIÓN NOVIEMBRE 2021

2 noviembre 2021

Queridas Damas  y Caballeros, en el mes de noviembre de 2021, seguimos meditando en  “Iglesia en salida: Luz del mundo”.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Señora del Pilar, acorta este tiempo de prueba; ayuda a los afectados por la erupción del volcán de la isla de La Palma;  danos trabajo digno para todos y abundancia de vocaciones sacerdotales. Encomendemos especialmente “el camino de la sinodalidad”, que en palabras del Papa Francisco “es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”.

Las palabras llegarán al corazón de los que nos rodean si antes ha llegado el ejemplo de nuestro actuar: puntualidad a la hora de comenzar la tarea, aprovechamiento del tiempo; la fortaleza para no perder la serenidad en medio de las dificultades; la ayuda a los compañeros de trabajo; el ejercicio de las virtudes humanas: optimismo, cordialidad, reciedumbre, lealtad a la empresa, a los amigos -sin ceder nunca a la crítica, a la murmuración-. Competencia en el trabajo. No sería coherente con su fe el cristiano que no pone todo su empeño por ser competente en su trabajo.

“Vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5, 14).  Nos habla el Señor de nuestra responsabilidad ante el mundo,  nos lo dice a cada uno de sus discípulos.  A todos nos llama para ser luz del mundo. Esa luz no puede quedar escondida, dice San Agustín: “somos lámparas que han sido encendidas con la luz de la verdad”.

Nos recuerda el Señor: “no se enciende una luz para ponerla debajo del celemín, sino sobre un candelero a fin de que alumbre a todos los de la casa. Alumbre así vuestra luz ante los hombres para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.

Para eso es necesario el ejemplo de una vida recta, limpieza de conducta, el ejercicio de las virtudes humanas y cristianas en la vida sencilla de todos los días. La luz, el buen ejemplo, ha de ir por delante.

Dios espera mucho de nosotros. Necesita una iglesia de creyentes que entiendan plenamente que son la Luz del mundo; encargados por Dios de disipar las tinieblas que acosan y destruyen a la humanidad.

Jesús nos invita a ser un reflejo de su luz, a través del testimonio de las buenas obras. Por el Bautismo, el cristiano se convierte en ‘hijo de la luz’ (1Ts 5,5). Luz que debe iluminarlo todo con las “buenas obras”.  Estamos llamados a ser “luceros en el mundo”.

Como dice Filipenses 2, 15, hemos de ser, en el trabajo y en la vida corriente, “irreprochables y sencillos, hijos de Dios sin tacha, en medio de una generación perversa y depravada, entre la cual brilláis como lumbreras del mundo”.

Clama el Papa Francisco: “¡Cuánto tiene necesidad el mundo de la luz del Evangelio que transforma, cura y garantiza la salvación a quien lo recibe! Jesús nos pide que seamos luz para el mundo, no con las palabras, sino con nuestras obras. Tenemos una gran responsabilidad con el don recibido, la luz de la fe. No debemos retenerla como si fuera de nuestra propiedad. Al contrario, estamos llamados a hacerla resplandecer en el mundo, a darla a los demás mediante las buenas obras”.  El mundo necesita la Luz del Evangelio. La luz se oscurece, si no la alimentamos con el amor y la obras de caridad.

El fin último de nuestras acciones es que los hombres den gloria al Padre al ver nuestras buenas obras. Somos “hijos de Dios. -Portadores de la única llama capaz de iluminar los caminos terrenos de las almas, del único fulgor, en el que nunca podrán darse oscuridades, penumbras ni sombras. El Señor se sirve de nosotros como antorchas, para que esa luz ilumine… De nosotros depende que muchos no permanezcan en tinieblas, sino que anden por senderos que llevan hasta la vida eterna” (Forja, 1).

Para dar a conocer la doctrina de Jesucristo, para que ilumine toda nuestra vida, para llevar la luz de la fe al ambiente en el que nos movemos, necesitamos una buena formación.

Madre, que sepamos entregarnos, arder delante de Dios y de los hombres como la luz que se pone sobre el candelero para iluminar.

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Last modified: 2 noviembre 2021

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