Caballeros del Pilar

MEDITACIÓN AGOSTO Y SEPTIEMBRE 2021

27 julio 2021

Queridas Damas  y Caballeros, en los meses de agosto y septiembre de 2021, seguimos meditando  “Iglesia en salida: Fermento transformador”.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Señora del Pilar, acorta este tiempo de prueba, que cese esta pandemia; danos trabajo digno para todos; y que el Dueño de la mies llene de seminaristas santos  y doctos el seminario de Zaragoza.

Podemos preguntarnos si ponemos los medios y el interés necesario para conocer bien la doctrina social de la Iglesia, si la llevamos a la práctica personalmente, si procuramos —en la medida en que esté de nuestra parte—que las leyes y costumbres reflejen esas enseñanzas en lo que se refiere a las leyes sobre la familia, educación, salarios, derecho al trabajo, etc. El Señor estará contento con nosotros si realmente estamos empeñados en hacer un mundo más justo en la gran ciudad, o en el pueblo donde vivimos, en el barrio, en la empresa donde trabajamos, en la familia donde se desarrolla nuestra vida.

“Vosotros sabéis bien –dice el Papa Francisco- que la vida se juega en la capacidad que tengamos de “ser fermento” allí donde nos encontremos y con quien nos encontremos” (EG, 210).  Ser cristiano es un encuentro con Jesucristo. Somos cristianos porque hemos sido amados y encontrados. Ser cristianos es reconocerse perdonados, reconocerse llamados a actuar del mismo modo que Dios ha obrado con nosotros.

En palabras de San Pablo VI en la encíclica Ecclesiam suam, 34: “La Iglesia debe ir hacia el diálogo con el mundo en que le toca vivir. La Iglesia se hace palabra; la Iglesia se hace mensaje; la Iglesia se hace coloquio” (n. 34). Afirmar que la Iglesia debe entablar un diálogo, no depende de una moda —hoy está la moda del diálogo, no depende de eso—, menos aún de una estrategia para que aumente el número de sus miembros, no, tampoco es una estrategia. Si la Iglesia debe entablar un diálogo es por fidelidad a su Señor y Maestro que, desde el comienzo, movido por el amor, ha querido dialogar como amigo e invitarnos a participar de su amistad (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Dei Verbum, 2). Como discípulos de Jesucristo estamos llamados, desde el día de nuestro Bautismo, a formar parte de este diálogo de salvación y de amistad. Un diálogo que estamos llamados a realizar a la manera de Jesús, manso y humilde de corazón (cf. Mt 11,29), con un amor ferviente y desinteresado, sin cálculos y sin límites, respetando la libertad de las personas”.

La misión de la Iglesia es ser levadura en la masa (Mt 13,24-43). Los cristianos no vivimos en un mundo aparte, ni habitamos en países propios. Vivimos con todos los hombres, utilizamos la misma lengua y cultura, aunque cultivamos una serie de valores que nos vienen del evangelio y que creemos que son importantes para todos los hombres y para la sociedad. Sólo conviviendo con los demás hombres, acompañando su peregrinar hacia Dios, la Iglesia puede realizar su misión. La Iglesia presta su servicio al mundo, ante todo, anunciándole el evangelio.  Los fieles laicos dice Lumen gentium, n. 31, “están llamados por Dios a cumplir su propio cometido, guiándose por el espíritu evangélico, de modo que, igual que la levadura, contribuyan desde dentro a la santificación del mundo”.

Ser del mundo sin ser mundanos. El cristiano, que está llamado a santificarse en su profesión, ha de ser del mundo, pero no ser mundano.  “Ser del mundo”, en sentido positivo, lleva a tener espíritu contemplativo en medio de todas las actividades humanas (…), haciendo realidad este programa: cuanto más dentro del mundo estemos, tanto más hemos de ser de Dios (Forja, n. 740).

No podemos encerrarnos. Se lee en la Epístola a Diogneto, 6: “no es lícito a los cristianos abandonar su misión en el mundo, como al alma no le está permitido separarse voluntariamente del cuerpo”. Los bautizados hemos de contribuir a que el amor y la libertad de Cristo presidan todas las manifestaciones de la vida moderna: la cultura, la economía, el trabajo, el descanso, la vida de familia y la convivencia social (cfr. Surco, n. 302).

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.

 

 

Last modified: 27 julio 2021

Comments are closed.