Caballeros del Pilar

MEDITACIÓN JULIO 2021

29 junio 2021

Queridas Damas  y Caballeros, para el mes de julio de 2021, meditamos  “Iglesia en salida: Fermento transformador, Luz del mundo y Sal de la tierra”.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Señora del Pilar, acorta este tiempo de prueba, que cese esta pandemia; danos trabajo digno para todos; y que el Dueño de la mies llene de seminaristas santos  y doctos el seminario de Zaragoza.

Comenta el Papa Francisco: “Una Iglesia en salida, misionera, es una Iglesia que no pierde el tiempo en llorar por las cosas que no funcionan, por los fieles que ya no tiene. Una Iglesia  en salida no busca oasis protegidos para estar tranquila, sino que solo desea ser sal de la tierra y fermento para el mundo”. El Santo Padre insta a los sacerdotes a  “no vivir una fe de sacristía”.

Una Iglesia Fermento transformador. Los bautizados tenemos como propio vivir la consagración bautismal en la vida ordinaria, en las responsabilidades profesionales, familiares, políticas, deportivas etc. Los bautizados somos el fermento llamado a transformar  la masa del mundo.  Esta levadura no abarca sólo a la humanidad, sino a todo el universo, todo está llamado a tener a Cristo por cabeza.  Recordáis las palabras de Ef 1, 10: “recapitular  en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra”. Y  Col 1, 20: “Por Él, y para Él, quiso reconciliar todas las cosas,  las del cielo y las de la tierra. Haciendo la paz por la sangre de su cruz”. Queridas Damas y Caballeros, debemos ir haciendo esta transformación; estamos llamados a entregar todo a Cristo.

Transformaremos de verdad el mundo, si comenzamos con el testimonio de la vida personal: si somos ejemplares, competentes y honrados en el trabajo profesional; en la familia, dedicando a los hijos, a los padres, el tiempo que necesitan; si nos ven alegres, también en medio de la contradicción y del dolor; si somos cordiales. Y se sentirán atraídos a la vida que muestran nuestras acciones. El ejemplo prepara la tierra en la que fructificará la palabra. Dice San Juan Crisóstomo: “creerán a nuestras obras más que a cualquier otro discurso

Jesús compara el Reino de Dios “a la levadura que una mujer tomó y metió en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó” (Lc 13,18.21). Pregunta el Papa Francisco: “¿A qué es semejante un cristiano? ¿A qué se puede comparar? Es semejante –dice- a un poco de levadura, que la madre Iglesia quiere mezclar con una gran cantidad de harina, hasta que toda la masa fermente. Jesús no nos ha elegido y enviado para que seamos los más numerosos. Nos ha llamado para una misión. Nos ha puesto en la sociedad como esa pequeña cantidad de levadura: la levadura de las bienaventuranzas y el amor fraterno… para que su Reino se haga presente. Y recuerda el consejo que dio san Francisco a sus frailes, cuando los envió: “Id y predicad el Evangelio: si fuera necesario, también con palabras”.

Nuestra misión de bautizados, no está determinada por el número, o la cantidad de espacios que se ocupan, sino por la capacidad que se tiene de generar y suscitar transformación, estupor y compasión. Nuestra misión de bautizados está determinada  por el modo en el que vivamos como discípulos de Jesús, junto a aquellos con quienes compartimos lo cotidiano, las alegrías, los dolores, los sufrimientos y las esperanzas. En palabras de  Benedicto XVI: “La Iglesia crece… por atracción, por testimonio”, por nuestro modo de ser con Jesús y con los demás.

A los cristianos nos toca contribuir a crear un orden más justo, más humano, más cristiano, sin comprometer con nuestra actuación a la Iglesia. San Pablo  VI, en la Enc. Populorum progressio, 8, invita a cada uno a examinarse: “para ver lo que ha hecho hasta aquí y lo que debe hacer todavía. No basta recordar principios generales, manifestar propósitos, condenar las injusticias graves, proferir denuncias con cierta audacia profética; todo esto no tendrá peso real si no va acompañado, en cada hombre, por una toma de conciencia más viva de su propia responsabilidad y de una acción efectiva. Resulta demasiado fácil echar sobre los demás la responsabilidad de las presentes injusticias, si al mismo tiempo no nos damos cuenta de que todos somos también responsables, y que, por tanto, la conversión personal es la primera exigencia”.

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.

Last modified: 29 junio 2021

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