Caballeros del Pilar

MEDITACIÓN DICIEMBRE 2020

26 noviembre 2020

Queridas Damas y Caballeros: En el mes de diciembre de 2020, seguimos meditando en Iglesia en salida: Rostro del Amor de Dios.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Señora del Pilar, acorta este tiempo de prueba, que cese esta pandemia; que haya trabajo digno para todos; y llena de seminaristas santos el seminario de Zaragoza.

El ejemplo supremo de misericordia es Jesucristo. Vale la pena  leer y  meditar algunos pasajes del Evangelio en los que vemos la actitud compasiva de Jesús hacia las muchedumbres, hacia los enfermos, hacia los pecadores, y las parábolas “de la misericordia”: la oveja perdida, el hijo pródigo, el rey compasivo y el siervo despiadado.

Cada bautizado ha de  ser  el eco de la Palabra de Dios, que resuena como palabra y gesto de perdón, de ayuda, de amor. La Iglesia en salida, y por tanto cada bautizado,  nunca debe cansarse de ofrecer misericordia y ser siempre paciente para consolar y perdonar.

Jesús nos anima a ser compasivos, misericordiosos, como el Padre. “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mateo 5,7).

Con la parábola del Siervo inmisericorde, Mateo 18,21-35, Jesús nos advierte contra cualquier posibilidad de pensar que podemos aceptar la misericordia de Dios, pero no ser misericordiosos con los demás. Recordáis la parábola: Un siervo, a quien se le perdonó una enorme deuda, no muestra misericordia hacia un compañero, que le debía una pequeñez, termina condenado hasta que pague completamente la deuda que se le había perdonado.

Pedimos al Espíritu Santo  que despierte en nosotros la conciencia del amor de Dios por nosotros y la llamada  a ser signos del amor de Dios para nuestros prójimos.  Así como Dios tiene misericordia de todos, los bautizados debemos vivir la misericordia con todos. Estamos llamados a reflejar el amor de Dios en el mundo. Dice San Pablo en  Colosenses 3, 12-14: “como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta”.

Comenta el Santo Padre: “El amor misericordioso es el único camino a seguir. ¡Cuánto necesitamos todos ser un poco más misericordiosos:  no chismorrear, no juzgar, no desplumar a los demás con las envidias y los celos…Tenemos que perdonar, ser misericordiosos, vivir nuestra vida en el amor. Ese amor hace que los discípulos de Jesús no pierdan la identidad que han recibido de Él, y que se  reconozcan a sí mismos como hijos de un mismo Padre. No olvidemos –continúa el Papa-  que la misericordia es perdón y don. Con el amor, se ensancha el corazón. En cambio el egoísmo, la rabia, empequeñecen el corazón que se vuelve duro como una piedra. Si queremos un corazón lleno de amor, seamos misericordiosos”.

Hemos de ser como el buen samaritano, (Lc 10, 29): “iba de viaje, llegó a donde estaba el herido y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”.

Vivamos las Obras de Misericordia, corporales y espirituales. Pongamos los medios para vivir las obras de misericordia. Escribe Mons. Javier Echevarría, obispo prelado del Opus Dei: “La Iglesia ha manifestado siempre un amor de predilección por los pobres, los enfermos, los desamparados, las personas que carecen de hogar. Y ha tenido presentes aquellas palabras del Señor en el juicio final: en verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40). Podemos decir que vivimos inmersos en un océano de misericordia divina; “estamos llamados a vivir en misericordia” (MV, 9).

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.

Last modified: 26 noviembre 2020

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