Caballeros del Pilar

MEDITACIÓN NOVIEMBRE 2020

3 noviembre 2020

Queridas Damas y Caballeros: En el mes de noviembre de 2020, os invito a seguir meditando en Iglesia en salida: Rostro del Amor de Dios.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Señora del Pilar, acorta este tiempo de prueba, que cese esta pandemia. Que haya trabajo digno para todos.

EG, 266: No se puede perseverar sin caminar con Él. No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio, que hacerlo sólo con la propia razón. Sabemos bien que “la vida con Él se vuelve mucho más plena y que con Él es más fácil encontrarle un sentido a todo. Por eso evangelizamos”. No caminamos solos. “Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo”.  Jesús camina contigo. Habla con Élrespira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo contigo en medio de la tarea de cada día. Si no descubrimos a Jesús presente en la tarea de cada día, perderemos el entusiasmo, nos faltará  fuerza y pasión. Una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie.

Se nos pide ser Iglesia en salida  con el rostro de Cristo. EG, 267: “Unidos a Jesús, buscamos lo que Él busca, amamos lo que Él ama…, buscamos la gloria del Padre; vivimos y actuamos,  como dice Ef 1,6, “para alabanza de la gloria de su gracia”. Éste es el móvil definitivo, el más profundo, el más grande, la razón y el sentido final de todo lo demás: la gloria del Padre, que Jesús buscó durante toda su existencia. Si somos misioneros, es, ante todo, porque Jesús nos ha dicho: “La gloria de mi Padre consiste en que deis fruto abundante” (Jn 15,8). Evangelizamos para la mayor gloria del Padre, que nos ama”. Y procuramos ser misericordiosos como Jesús, misericordiosos como el Padre. Jesús es el rostro de la misericordia del Padre” (MV, n. 1). Imitando su compasión, llegaremos a ser compasivos con todos” (MV, n. 14).

Hemos de acercarnos a Dios, para experimentar, cada vez más, “la misericordia que, desde siempre, Dios Padre dispensa hacia nosotros” (MV, n. 25). Y, a la vez, hemos de  ser portadores de la misericordia que recibimos de Dios.

El mandato de Jesús es claro: “Sed misericordiosos como vuestro Padre celestial es misericordioso” (Lucas 6, 36).  Estas palabras no son un eslogan bonito, sino todo un programa de vida. La historia de la salvación es una historia de misericordia, que alcanza su culmen en la donación de Jesús en la cruz. Jesús nos pide ser canal, testimonio de su misericordia. Jesús nos pide perdonar y dar, suspender juicios y condenas. No podemos ponernos por encima del otro. El perdón es manifestación de la gratuidad del amor de Dios, que nunca da a un hijo por perdido. La capacidad de acoger el amor de Dios, crece en la medida en que nos damos a los demás. Cuanto más amamos, más lleno de Dios estará nuestro corazón.

El desafío de ser signos del amor misericordioso de Dios, no tiene tiempo. No hay una fecha en el calendario para concluir nuestra obligación de ser misericordiosos. Jesús, que ha venido a revelarnos el rostro del Padre, nos lo ha revelado como misericordia. Nosotros, que continuamos su misma misión, tenemos que revelar el rostro de Dios en la misericordia. Estamos llamados a ser iconos de la misericordia del Padre en medio de nuestro mundo. Somos misericordiosos cuando sentimos a los otros hermanos nuestros, cuando los sentimos algo nuestro. Hemos de acercarnos donde se nos necesita, darnos; establecer una relación con quien necesita de nuestra misericordia; ponerse en el lugar del que sufre. Ser icono de la misericordia del Padre.

La misericordia se expresa en el perdón: “No juzguéis y no seréis juzgado; no condenéis, y no seréis condenado; perdonad y seréis perdonados”. El cristiano debe perdonar, porque ha sido perdonado. Lo decimos todos los días en el Padre Nuestro: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

Queridas Damas y Caballeros, como bautizados, hemos de hacer nuestro  “el comportamiento de Jesucristo, Hijo de Dios, que sale al encuentro de todos, sin excluir a ninguno”.

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.

Last modified: 3 noviembre 2020

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