Caballeros del Pilar

MEDITACIÓN MES DE JUNIO 2020

30 mayo 2020

Queridas Damas y Caballeros: En el mes de Junio de 2020, os invito a seguir meditando en la Iglesia en salida, hogar acogedor.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

Queridas Damas y Caballeros: Pidamos insistentemente: Señora del Pilar, acorta este tiempo de prueba, que cese esta pandemia.

Advierte Papa Francisco: Un evangelizador no debería tener permanentemente cara de funeral. Nos anima a recobrar y acrecentar el fervor. Cita palabras de San Pablo VI, en Evangelii nuntiandi, 80, en las que habla de: “la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas […] Ojalá el mundo actual —que busca a veces con angustia, a veces con esperanza— pueda recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo”. Damas y Caballeros, seamos sembradores de alegría.

¿Quiénes son los protagonistas de la evangelización? Los protagonistas de la evangelización son los bautizados. ¿Dónde tiene su fundamento primero la propuesta de la “Comunión misionera”? La propuesta de la comunión misionera tiene su fundamento  primero, no en el Sacramento del orden, sino en el bautismo (cf. EG 103), de donde proviene “la gran dignidad (EG 104) del cristiano, y que lo constituye en discípulo misionero. Todo bautizado es discípulo misionero. Como dice EG, 119: “En todos los bautizados, desde el primero hasta el último, actúa la fuerza santificadora del Espíritu que impulsa a evangelizar”. El bautismo empuja a los discípulos a anunciar la savia y el fervor del Evangelio “en cualquier lugar: en la calle, en la plaza, en el trabajo, en el camino” (EG 127). Desde esta perspectiva, la nueva evangelización implica “un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados […] Ya no decimos que somos discípulos y misioneros, sino que somos siempre discípulos misioneros” (EG 120), que sustentan su fuerza evangelizadora en la primacía de la gracia (cf. EG 112).

Jesús dice “Id y anunciad el Evangelio”.  Comenta el Papa (Evangelii Gaudium  EG, 20): “en este «id» de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia. Todos somos llamados a esta nueva “salida” misionera. Cada cristiano, y cada comunidad, discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar esta llamada: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio.

La alegría del Evangelio llena la vida de la comunidad de los discípulos”, y esta alegría “es una alegría misionera” (EG, 21). La alegría la experimentan los setenta y dos discípulos, que regresan de la misión llenos de gozo (cf. Lc 10,17). La alegría la vive Jesús, que se estremece de gozo en el Espíritu Santo y alaba al Padre porque su revelación alcanza a los pobres y pequeños (cf. Lc 10,21). La alegría la sienten, en Pentecostés, llenos de admiración, los primeros que se convierten al escuchar predicar a los Apóstoles “cada uno en su propia lengua” (Hch 2,6). La alegría es un signo de que el Evangelio ha sido anunciado y está dando fruto.

Pero, dice el Papa, siempre tiene la dinámica del éxodo y del don, del salir de sí, del caminar y sembrar siempre de nuevo, siempre más allá. El Señor dice: “Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para  predicar también allí; que para eso he salido” (Mc 1,38). Cuando está sembrada la semilla en un lugar, ya no se detiene allí, sino que el Espíritu lo mueve a salir hacia otros pueblos.

EG, 49: Nos pide el Romano Pontífice: “Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridadesSi algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, sin la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo… afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: ¡Dadles vosotros de comer!” (Mc 6,37).

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.

Last modified: 30 mayo 2020

Comments are closed.

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de sus datos para estos propósitos. Ver
Privacidad