Caballeros del Pilar

MEDITACIÓN MES DE FEBRERO DE 2020

10 febrero 2020

Queridas Damas y Caballeros: En el mes de FEBRERO de 2020, os propongo meditar la homilía del Papa Francisco en la fiesta de la Epifanía del Señor del 2020.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

Los Magos manifiestan su intención: “Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. Comenta el Santo Padre: “La adoración es la finalidad de su viaje, el objetivo de su camino”. Al llegar a Belén, “vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron”. Afirma el Papa: “Si perdemos el sentido de la adoración, perdemos el sentido de movimiento de la vida cristiana, que es un camino hacia el Señor, no hacia nosotros. Es el riesgo del que nos advierte el Evangelio, presentando, junto a los Reyes Magos, unos personajes que no logran adorar”.

Entre las personas que no adoraron está el rey Herodes, que usa el verbo adorar, pero de manera engañosa. Pide a los Reyes Magos que le informen sobre el lugar donde estaba el Niño “para ir a adorarlo”.  Pero, en realidad, “Herodes sólo se adoraba a sí mismo” y “quería deshacerse del Niño con mentiras”.  Esto nos enseña que el hombre, “cuando no adora a Dios, está orientado a adorar su yo”.  Incluso la vida cristiana, “sin adorar al Señor, puede convertirse en una forma educada de alabarse a uno mismo”. Hay cristianos “que no saben adorar, que no saben rezar adorando”. Esto es “un riesgo grave: servirnos de Dios en lugar de servir a Dios”.

Además, los jefes de los sacerdotes y los escribas “indican a Herodes con extrema precisión dónde nacería el Mesías: en Belén de Judea. Conocen las profecías y las citan exactamente. Saben a dónde ir… pero no van”. De esto podemos aprender una lección: “En la vida cristiana no es suficiente saber: sin salir de uno mismo, sin encontrar, sin adorar, no se conoce a DiosLa teología y la eficiencia pastoral valen poco o nada si no se doblan las rodillas; si no se hace como los Magos, que no sólo fueron sabios organizadores de un viaje, sino que caminaron y adoraron”.

Cuando uno adora, “se da cuenta de que la fe no se reduce a un conjunto de hermosas doctrinas, sino que es la relación con una Persona viva a quien amarConocemos el rostro de Jesús estando cara a cara con ÉlAl adorar, descubrimos que la vida cristiana es una historia de amor con Dios… como lo hace un enamorado con la persona que ama. Así debe ser la Iglesia, una adoradora enamorada de Jesús, su esposo”.

Pidamos al Espíritu Santo que nos enseñe a  “redescubrimos la adoración como una exigencia de fe”. Si nos arrodillamos ante Jesús, “venceremos la tentación de ir cada uno por su camino”. Adorar “es hacer un éxodo de la esclavitud más grande, la de uno mismo. Adorar es poner al Señor en el centro para no estar más centrados en nosotros mismos. Es poner cada cosa en su lugar, dejando el primer puesto a Dios. Adorar es poner los planes de Dios antes que mi tiempo, que mis derechos, que mis espacios. Es aceptar la enseñanza de la Escritura: “Al Señor, tu Dios, adorarás”. “Adorar es descubrir que para rezar basta con decir: “¡Señor mío y Dios mío!”, y dejarnos llenar de su ternura”.

“Adorar es encontrarse con Jesús… con la única solicitud de estar con Él. Es descubrir que la alegría y la paz crecen con la alabanza y la acción de gracias. Cuando adoramos, permitimos que Jesús nos sane y nos cambie. Al adorar, le damos al Señor la oportunidad de transformarnos con su amor, de iluminar nuestra oscuridad, de darnos fuerza en la debilidad y valentía en las pruebas. Adorar es ir a lo esencial: es la forma de desintoxicarse de muchas cosas inútiles, de adicciones que adormecen el corazón y aturden la mente. De hecho, al adorar uno aprende a rechazar lo que no debe ser adorado: el dios del dinero, el dios del consumo, el dios del placer, el dios del éxito, nuestro yo erigido en dios. Adorar es hacerse pequeño en presencia del Altísimo, descubrir ante Él que la grandeza de la vida no consiste en tener, sino en amar. Adorar es redescubrirnos hermanos y hermanas frente al misterio del amor que supera toda distancia: es obtener el bien de la fuente, es encontrar en el Dios cercano la valentía para aproximarnos a los demás. Adorar es saber guardar silencio ante la Palabra divina, para aprender a decir palabras que no duelen, sino que consuelan”.

Queridas Damas y Caballeros: cuidemos  la adoración.

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.

Last modified: 1 abril 2020

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