Caballeros del Pilar

MEDITACIÓN MES DE ENERO DE 2020

15 enero 2020

Queridas Damas y Caballeros:

En el mes de ENERO de 2020, os propongo como meditación la homilía del Papa Francisco en la Natividad del Señor.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Bendita  y alabada sea la hora en que María Santísima vino en carne mortal a Zaragoza, por siempre sea bendita y alabada. Gracias, Señora del Pilar, por haber venido a Zaragoza, y dejarnos TU PILAR, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor.

San Pablo dirá: “Se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres”. Se pregunta el Santo Padre: ¿qué es esta gracia? : “Es el amor divino, el amor que transforma la vida, renueva la historia, libera del mal, infunde paz y alegría… el amor de Dios se ha mostrado a nosotros: es Jesús”.

El Altísimo, en Jesús, “se hizo pequeño para ser amado por nosotros. En Jesús, Dios se hizo Niño, para dejarse abrazar por nosotros”.

Se interroga de nuevo el Papa: ¿por qué san Pablo llama “gracia” a la venida de Dios al mundo? “Para decirnos que es completamente gratuita. Mientras aquí en la tierra todo parece responder a la lógica de dar para tener, Dios llega gratis. Su amor no es negociable: no hemos hecho nada para merecerlo y nunca podremos recompensarlo”.

“Se ha manifestado la gracia de Dios”.  Aunque no estábamos a la altura, “Él se hizo pequeñez para nosotros; mientras andábamos ocupados en nuestros asuntos, Él vino entre nosotros. La Navidad nos recuerda que Dios sigue amando a cada hombre, incluso al peor. A mí, a ti, a cada uno de nosotros, Él nos dice hoy: “Te amo y siempre te amaré, eres precioso a mis ojos”. Dios no te ama porque piensas correctamente y te comportas bien; Él te ama y basta. Su amor es incondicional, no depende de ti. Puede que tengas ideas equivocadas, que hayas hecho de las tuyas; sin embargo, el Señor no deja de amarte. ¿Cuántas veces pensamos que Dios es bueno si nosotros somos buenos, y que nos castiga si somos malos? Pero no es así. Aun en nuestros pecados continúa amándonos. Su amor no cambia, no es quisquilloso; es fiel, es paciente. Este es el regalo que encontramos en Navidad: descubrimos con asombro que el Señor es toda la gratuidad posible, toda la ternura posible. Su gloria no nos deslumbra, su presencia no nos asusta. Nació pobre de todo, para conquistarnos con la riqueza de su amor”.

Se ha manifestado la gracia de Dios”. En la belleza del amor de Dios, redescubrimos “también nuestra belleza, porque somos los amados de Dios”.

Comenta el Papa: “En el bien y en el mal, en la salud y en la enfermedad, felices o tristes, a sus ojos nos vemos hermosos: no por lo que hacemos sino por lo que somos. Hay en nosotros una belleza indeleble, intangible; una belleza irreprimible que es el núcleo de nuestro ser. Dios nos lo recuerda hoy, tomando con amor nuestra humanidad y haciéndola suya, “desposándose con ella” para siempre”.

La gran alegría anunciada a los pastores es “para todo el pueblo”. En aquellos pastores, “también estamos nosotros, con nuestras flaquezas y debilidades. Así como los llamó a ellos, Dios también nos llama a nosotros, porque nos ama. Y, en las noches de la vida, a nosotros como a ellos nos dice: “No temáis”.

Nos anima el Santo Padre: “¡Ánimo, no hay que perder la confianza, no hay que perder la esperanza, no hay que pensar que amar es tiempo perdido!… el amor venció al miedo, apareció una nueva esperanza, la luz amable de Dios venció la oscuridad de la arrogancia humana. ¡Humanidad, Dios te ama, se hizo hombre por ti, ya no estás sola!”

Ante esta gracia, hemos de “acoger el don”. Dejémonos buscar por Dios. Él nos busca primero. “No partamos de nuestras capacidades, sino de su gracia, porque Él es Jesús, el Salvador. Pongamos nuestra mirada en el Niño y dejémonos envolver por su ternura. Ya no tendremos más excusas para no dejarnos amar por Él: Lo que sale mal en la vida, lo que no funciona en la Iglesia, lo que no va bien en el mundo ya no será una justificación. Pasará a un segundo plano, porque frente al amor excesivo de Jesús, que es todo mansedumbre y cercanía, no hay excusas”.

Queridas Damas y Caballeros, podemos preguntarnos: “¿Me dejo amar por Dios? ¿Me abandono a su amor que viene a salvarme?” En este nuevo año nos proponemos: acoger la gracia, agradecer. Acerquémonos al sagrario para agradecer. Acojamos el don: “Jesús”, “para transformarnos en don como Jesús”. Que Nuestra Señora del Pilar nos ayude a hacer de nuestra vida un don para los demás. ¡Santo y feliz año nuevo!

Vuestro Director Espiritual: Pedro-José.

Last modified: 15 enero 2020

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